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Herencias: La conveniencia de hacer testamento

15 Jun 2015
El testamento es el documento por el que una persona física dispone, para después de su muerte, del destino de sus bienes, pudiendo incluir otras disposiciones no patrimoniales, como por ejemplo, el nombramiento de tutor para sus hijos menores.

   

Deben superarse viejos e irracionales prejuicios al hacer testamento, desde el momento en que son mayores las ventajas que comporta tenerlo hecho que los inconvenientes, que no hay.

¿Qué ventajas implica un testamento?: Ante todo, hay que entender que se trata de una declaración de últimas voluntades y que, si alguien fallece sin testamento, esa declaración que nunca hizo (nombrando a ciertas personas como sus herederos), ha de hacerla o un notario o un juez, según el caso y grado de parentesco de esas personas con el fallecido. Es decir, si alguien muere sin haber dejado dicho en un testamento quiénes son sus herederos, lo tendrá que decir o un notario o un juez, en su lugar. Por lo tanto, implica unos costes y unos tiempos que podrán ahorrarse a los herederos.

Hacer testamento no supone necesariamente hacer un inventario de los bienes del testador, e irlos adjudicando uno por uno a ciertas personas, pues de entrada, el patrimonio del testador podrá haber cambiado a lo largo de la vida del testador. La declaración más simple es la de nombrar (instituir) a ciertas personas como sus herederos. En nuestro sistema legal existen ciertas limitaciones a la hora de disponer por testamento de los bienes, pues parte de ellos (es el caso de las llamadas “legítimas”), han de ser transmitidos necesariamente a ciertas personas, pero en ello ahora no entraremos.

También cabe que por testamento quiera mejorarse a alguna persona, dejándole una porción mayor a la que por ley le pudiera corresponder: sería el caso de ciertos hijos o descendientes o del cónyuge del testador, al que por voluntad del disponente se le asigna más de lo que estrictamente dice la ley.

No olvidemos que también puede adjudicarse ciertos bienes concretos a ciertas personas, así como que sea el propio testador el que deje hecha la partición de la herencia, lo cual sí es aconsejable en el llamado “testamento del empresario”, que contribuye al mantenimiento y unidad de la empresa familiar, evitando su reparto entre muchos herederos, designando al sucesor-empresario.

Hay que destacar la sencillez, rapidez y economía de este documento, que puede hacer cualqueir persona desde los 14 años cumplidos, tantas veces se quiera y que podrá cambiarse cuando varíen significativamente las circunstancias personales del otorgante (estado civil, hijos).

Por tanto vemos que, de no hacer testamento, será la ley, por boca de notario o juez, la que diga quiénes son los herederos de una persona y qué porción les toca en esa sucesión. Un ejemplo muy claro es el del cónyuge viudo, al que el testador puede dar desde el usufructo universal a la propiedad de un tercio de la herencia (el de libre disposición). Si fallece sin testamento, al viudo le corresponde sólo el usufructo de un tercio, si tuviere hijos, o de la mitad, o de dos tercios, según el caso, pero nunca de la totalidad, como sí podrá tener si el testador así lo dispuso.

En conclusión, desde siempre será aconsejable la redacción de testamento -el llamado abierto, o hecho ante notario-, que evita dilaciones de tiempo innecesarias, ahorra costes importantes y permite beneficiar o mejorar económicamente a ciertas personas que, de otro modo, resultarían perceptoras de una cantidad mínima o serían, simplemente, olvidadas.

Baste concluir señalando la existencia de modalidades sucesorias en los diferentes territorios de derecho foral (Cataluña, Baleares, Aragón, País Vasco, Navarra y Galicia), aplicándose la norma general en el resto del país. También hay modalidades en cuanto a la forma de los testamentos, como el llamado ológrafo o escrito por el propio testador, el cerrado, o los especiales (militar, marítimo y el hecho en el extranjero).

Insistimos en la importancia de tener redactado el testamento, en aras a la tranquilidad de la persona y la ordenación de su patrimonio.

Fuente: Consulting Abogados